
Estudiante de la UT reconocido por rescatar a víctimas del terremoto en Cali
Este joven, luego de rescatar a su madre en medio de los escombros, paso a coordinar labores de búsqueda de personas afectadas por el sismo.
El 10 de agosto de 2026, a las 7:34 de la mañana, un terremoto de magnitud 7.4 sorprendió a Cali, en medio del pánico y la confusión, Jhonathan Giusseppe Bolaños Muñoz, estudiante de la Licenciatura en Educación Artística del Instituto de Educación a Distancia de la Universidad del Tolima, IDEAD, pasó de ser un ciudadano más a convertirse en rescatista voluntario.
Se encontraba en su apartamento, en un cuarto piso, cuando sintió el movimiento. Había dormido pocas horas, el sismo lo despertó e inmediatamente bajó las escaleras, pero le inquietó no ver a su madre entre los vecinos que evacuaban. Decidió devolverse.
La encontró atrapada por una puerta que se había atascado con el movimiento. Sin dudarlo, comenzó a golpearla hasta abrirla. La sacó y ambos lograron salir del edificio justo cuando el temblor alcanzaba su punto más fuerte.
Afuera, la incertidumbre dominaba. Sin comunicación y sin claridad sobre la magnitud de la emergencia, dejó a su madre con los vecinos y decidió salir a recorrer la ciudad.
Caminó hacia el sector de la calle 44, donde encontró edificios colapsados, polvo en el aire y personas gritando entre los escombros.
Allí comenzó todo. Sin experiencia en rescate, se sumó a quienes intentaban salvar a los atrapados. “Todo fue por instinto”, explicó sobre su falta de formación previa.
Los primeros minutos fueron decisivos. Entre varias personas lograron sacar con vida a una joven que tenía una puerta encima. Luego ayudaron a un hombre atrapado en la parte trasera de un edificio.
Con el paso de las horas, la ayuda seguía siendo ciudadana. Personas de distintos oficios, edades y profesiones se organizaron como pudieron. En la noche, un grupo reducido recibió chalecos verdes que los identificaban como coordinadores. Desde ese momento, Jhonathan y otros voluntarios asumieron la tarea de rescatistas.
Se crearon cadenas humanas para retirar escombros. Tarros de pintura pasaban de mano en mano, mientras otros vigilaban cualquier señal de vida.
Cuando alguien creía escuchar un sonido bajo los escombros, todos hacían silencio absoluto. Entonces venía la pregunta que se repetiría durante días: “¿Alguien está allí?”. Si había respuesta, comenzaba una nueva carrera contra el tiempo.
Las jornadas no tenían horario. Jonathan dormía entre una y tres horas al día y regresaba al lugar. Durante diez días permaneció en la zona, participando en rescates que, según su testimonio, permitieron sacar con vida a 11 personas, además de recuperar más de 20 cuerpos.
El trabajo también dejó heridas físicas. Sin equipos adecuados en los primeros días, los voluntarios se lastimaron las manos, las uñas y los pies. Solo después comenzaron a llegar guantes, cascos y herramientas. La alimentación era limitada y el cansancio se acumulaba, pero pocos se retiraban.
A medida que avanzaban los días, el panorama se volvió más duro. Los rescates con vida disminuyeron y comenzaron a aparecer cuerpos. Las escenas, los olores y el dolor de las familias marcaron a quienes permanecían en el lugar. Aun así, continuaron.
Con la llegada de equipos especializados y ayuda internacional, las labores se organizaron. La tecnología permitió detectar señales térmicas, pero también confirmó que las posibilidades de encontrar sobrevivientes eran cada vez menores.
Hacia el décimo día, las autoridades indicaron que los voluntarios debían retirarse. Ya no había personas con vida bajo los escombros y las labores pasarían a manos de equipos profesionales.
El impacto emocional llegó después. Tras días sin detenerse a procesar lo ocurrido, Jhonathan colapsó.
Días después, mediante resolución 0563 del 26 de agosto, la Gobernación del Valle del Cauca reconoció el trabajo heroico de Jhonathan Bolaños y de otros 30 voluntarios que ayudaron en los rescates en el edificio Vanessa en Cali.
En la iglesia Tequendama se reunieron familiares de las víctimas, así como los rescatistas, con el fin de rendir homenaje a quienes perecieron tras el terremoto, y la gobernadora Dilian Francisca Toro reconoció la labor de los socorristas y voluntarios.
“Quisimos dar un reconocimiento a todos esos rescatistas y voluntarios que día y noche estuvieron allí con mucho amor para apoyar, trabajar y sacrificarse”, dijo en su momento la gobernadora del Valle del Cauca.
Y agregó: “No comían ni dormían, solo pensando en cómo rescatar”.
Entre ellos estaba Jhonathan, estudiante del Centro de Atención Tutorial de Cali.




