
Investigación de la UT cuestiona mediciones de cultivos ilícitos en Colombia
El trabajo adelantado por un docente de la institución universitaria, pone sobre la mesa el debate sobre las herramientas usadas para conocer la extensión de las plantaciones ilícitas en el país.
El reciente anuncio del Gobierno Nacional sobre la posibilidad de dejar de utilizar los indicadores de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) para medir los cultivos y la producción de coca en Colombia abrió un amplio debate público sobre la precisión de estos sistemas de medición y su impacto en la formulación de políticas públicas.
En este escenario, la investigación desarrollada por el profesor Paulo Murillo de la Universidad del Tolima, recoge y cuestiona las metodologías utilizadas durante años para estimar la extensión de los cultivos ilícitos en el país.
El profesor Murillo quien es ingeniero topográfico de la Universidad del Valle y magíster en Manejo Sostenible de los Bosques, analizó el periodo comprendido entre 1999 y 2019, identificando fallas estructurales en los sistemas de medición empleados por organismos internacionales, los cuales —según sus hallazgos— tienden a sobreestimar significativamente las áreas cultivadas con coca. Esta situación ha incidido de manera directa en decisiones de política pública con efectos profundos sobre los territorios y sus comunidades.
La investigación hizo parte de su doctorado en Geografía en la Oregón State University y fue publicada como artículo científico en 2023, convirtiéndose en un aporte académico de alto valor para el debate nacional sobre la medición de los cultivos ilícitos en Colombia. El estudio se basó en el análisis de imágenes satelitales de la Amazonía colombiana, procesadas mediante el entrenamiento de un algoritmo de inteligencia artificial. A través de esta metodología fue posible clasificar el uso del suelo y observar, año tras año, las transformaciones del territorio en relación con los cultivos de coca.
Los resultados evidencian que las metodologías tradicionales presentan limitaciones técnicas que conducen a una sobredimensión de las áreas cultivadas, lo que refuerza la necesidad de revisar los indicadores que durante décadas han sustentado estrategias de control y erradicación en el país.




