Tolima

Jonh Jairo Méndez, una vida en la UT y una apuesta por la esperanza

De estudiante a docente, investigador y directivo, Jonh Jairo Méndez Arteaga ha recorrido buena parte de los espacios de la UT. Ahora, desde la rectoría, asume el reto de proyectar una institución que, como ocurrió con él, pueda convertirse en una oportunidad para transformar vidas.

Jonh Jairo Méndez Arteaga no llegó a la rectoría de la Universidad del Tolima como un extraño. Su historia está profundamente ligada a los pasillos, las aulas y los procesos que durante décadas han construido a la institución. Antes de convertirse en rector fue estudiante, docente, investigador, directivo y, sobre todo, un hombre formado en la convicción de que la educación puede cambiar el rumbo de una vida.

Su historia comenzó lejos de los cargos y los reconocimientos académicos. Nació en el seno de una familia de escasos recursos del barrio Gaitán de Ibagué. Fue uno de siete hermanos, hijo de un maestro de construcción y una ama de casa que se convirtió en una de las grandes influencias de su vida y quien no permitió que las dificultades económicas se convirtieran en una excusa.

De Gloria Blanca Artega, su madre, conserva muchas cosas, especialmente, la imagen de una mujer que no permitió que las dificultades económicas se convirtieran en una excusa. Fue ella quien insistió en que sus hijos debían estudiar y quien, años después, entre regaños, lo convenció de aceptar una beca para cursar su doctorado en España, cuando él, indeciso, contemplaba quedarse en Colombia.

Antes de construir una extensa trayectoria académica, Méndez conoció el mundo del trabajo desde joven. A los 16 años fue mesero, mientras avanzaba en sus estudios y fue ahí, en la Universidad del Tolima, donde encontró el camino que terminaría definiendo buena parte de su vida.

La pasión por enseñar y generar conocimiento

La universidad se convirtió entonces en escenario y protagonista de su propia historia. Allí estudió Licenciatura en Biología y Química, encontró mentores que despertaron su interés por la docencia y la investigación y, después de obtener su doctorado en la Universidad de Lleida, en España, regresó a Colombia para vincularse como docente de planta.

Desde entonces han pasado más de dos décadas dedicadas a la educación superior, la investigación y la gestión universitaria. Ha dirigido investigaciones, escrito libros, formado nuevos profesionales y asumido responsabilidades como director de Investigaciones, vicerrector de Investigaciones y vicerrector Académico y de Docencia. También ha participado en escenarios nacionales relacionados con la ciencia y la educación superior.

Pero, incluso desde la rectoría, sigue hablando con la familiaridad de quien se reconoce primero como profesor. Calcula que, a lo largo de su carrera, ha tenido contacto directo con cerca de 5.000 estudiantes. La formación de talento humano y la investigación siguen ocupando un lugar central en su manera de entender la universidad.

Una universidad que venda esperanza

Para Méndez, una institución de educación superior no puede permanecer encerrada en sí misma. La universidad, insiste, debe relacionarse con la sociedad, con el sector productivo y con los territorios. En esa idea parece estar una de las claves de su visión de gobierno: el conocimiento solo cobra mayor sentido cuando tiene la capacidad de transformar realidades.

“Para mí la educación es todo. Una sociedad, si no se educa, es una sociedad que está condenada a no transformarse, a no tener esperanza, a no tener futuro», afirma.

La rectoría representa ahora una nueva etapa para quien ha pasado buena parte de su vida en la academia. Habla de transformación digital, reformas curriculares, sostenibilidad financiera, internacionalización y una universidad con mayor presencia en los territorios. Pero entre los planes y las metas aparece constantemente una palabra: esperanza. “La Universidad es una empresa de educación, una empresa de formación, una empresa que vende esperanza”, dice.

Tal vez allí se encuentra una de las claves para entender a Jonh Jairo Méndez. El hijo de una familia numerosa del barrio Gaitán, salió del país gracias a una beca y regresó para convertirse en docente e investigador y que vuelve, con otro rol, a la institución que ayudó a transformar su vida. Esta vez lo hace desde la rectoría, con la responsabilidad de intentar que otras historias encuentren, también a través de la educación, una oportunidad para construir proyectos de vida.

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