Editorial

El miedo, la herencia que Gustavo Petro nos dejó

Por: Miguel Bermúdez Jaime

Hay un enemigo que no usa uniforme ni tiene rostro, y que se instaló en la sala de cada colombiano: el miedo.

Es el miedo del empresario que mira sus números y no se atreve a invertir. La deuda que Petro dejó a los colombianos hoy ronda el 60% del PIB, según fedesarrollo la inversión cayó del 23,4% al 15,9%, y las proyecciones no tranquilizan a nadie, el Comité Autónomo de la Regla Fiscal proyecta que el déficit fiscal será de 7,8% del PIB en 2026 y 9,5% en 2027.

Un Estado que gasta más de lo que recauda termina golpeando la puerta de todos los ciudadanos, sin importar si son de derecha o de izquierda, o si votan o no.

Hoy miramos con temor la próxima reforma tributaria, en vez de ver nuevas oportunidades para salir de este laberinto de deuda y delincuentes que nos dejó Petro.

El miedo a quedarnos sin gas. Al cierre del año 2025, las reservas probadas de gas pasaron de 2.817 a 1.717 gigapiés cúbicos, una caída cercana al 39%. Hoy el país ya importa cerca del 34% de su demanda de gas natural, porque la producción local cayó un 12% en el último año, y lo peor, el remedio tampoco es fácil, Ecopetrol declaró desiertos los procesos para importar gas natural licuado, porque las ofertas internacionales no eran viables comercialmente y esos sobrecostos terminarían cayendo sobre el usuario.

Cuando Petro frenó la exploración, se sembró la escasez.

El miedo a salir a la calle. ¿Y cómo no sentirlo los tolimenses? El pasado 1 de noviembre, un atentado con explosivos en Planadas dejó cuatro muertos, entre ellos una bebé de dos meses, y entre quince y diecisiete heridos, la mayoría por esquirlas.

No fue un hecho aislado: el diario El Tiempo lo registró como el final de una secuencia de seis ataques en tres meses en el sur del Tolima, y las primeras versiones apuntan a las disidencias de las Farc.

Sin seguridad no hay inversión, no hay turismo, no hay comercio nocturno, no hay vida tranquila.

El miedo al desempleo y a la informalidad. Entre junio y agosto de 2026, el 54,8 % de los ocupados trabajó en la informalidad, según el DANE: 13,2 millones de colombianos sin protección social.

Gobernar también es administrar la confianza: dar seguridad, motivar la esperanza y crear condiciones para que la gente quiera quedarse e invertir, y no salir corriendo del país.

Un país puede soportar un mal año económico, pero le cuesta mucho más recuperar la confianza de quienes hoy sienten miedo y de quienes aprendieron a desconfiar, a callar y a encerrarse. Esa es la herencia que tendrá que desmontar este nuevo gobierno: devolverle a Colombia la certeza de que puede invertir, caminar y soñar sin miedo.

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