Editorial

COLUMNA PSICOLÓGICA: «SENTIR Y VER LA FELICIDAD, EN NUESTRA PROPIA MANERA»

Queridos compañeros, un abrazo lleno de calidez llega hasta ustedes desde estas líneas. Hoy quiero hablar de algo que forma parte de nuestra vida cada día: la felicidad, tal como nosotros la vivimos y la percibimos.

A veces la sociedad nos habla de la alegría como si solo se encontrara en imágenes nítidas, paisajes completos o rostros que se ven con claridad. Pero desde la psicología positiva, sé que la felicidad es un proceso interno que construimos con nuestras emociones, pensamientos y conexiones con el mundo que nos rodea. Como señala el psicólogo Martín Seligman, padre de esta corriente, la felicidad se compone de cinco elementos fundamentales: placer, compromiso, relaciones positivas, significado y logros. Nada de esto depende de ver todo con nitidez, sino de cómo nos conectamos con lo que podemos percibir.

El Dr. Mihaly Csikszentmihalyi, investigador en el estudio del flujo y la satisfacción humana, nos recuerda que la felicidad profunda surge cuando nos sumergimos en actividades que nos hacen sentir conectados con nosotros mismos y con los demás. Para nosotros, esto puede manifestarse en el brillo difuso de un atardecer que alcanzamos a distinguir, en la melodía de una canción que acompaña la textura de un tejido que estamos manipulando, en el contorno suave del rostro de un ser querido que podemos tocar y también vislumbrar, o en el color cálido que percibimos en un plato que hemos preparado con amor.

Y también quiero hablar de cómo podemos construir la felicidad las personas ciegas. La psicología nos enseña que hay caminos concretos que podemos recorrer: primero, conectar con nuestros sentidos de manera consciente – el sonido de la lluvia sobre el vidrio, el aroma de las flores en el parque, la textura de diferentes materiales nos permite crear un mundo rico y detallado en nuestro interior. Segundo, cultivar relaciones cercanas – el contacto físico, la escucha activa y la comunicación honesta nos ayudan a sentirnos amados y valorados, tal como nos dice la investigación sobre las relaciones positivas. Tercero, encontrar propósito y compromiso en actividades que nos llenen – ya sea aprender un nuevo oficio, participar en grupos de apoyo, crear arte a través de la música o la artesanía, o contribuir a nuestra comunidad. Finalmente, aceptar nuestra condición y reconocer nuestras fortalezas – como señalan los estudios sobre resiliencia, cuando nos enfocamos en lo que sí podemos hacer en lugar de lo que no, abrimos espacio para la satisfacción y la alegría.

También es importante hablar de nuestras propias capacidades. La investigación muestra que nosotros, las personas con baja visión o ciegas, desarrollamos habilidades cognitivas y emocionales únicas que nos permiten percibir el mundo de formas profundas y enriquecedoras. Nuestra capacidad de combinar lo que logramos ver – o los detalles que captamos a través de otros sentidos – nos brinda un acceso directo a aspectos de la realidad que muchas veces pasan desapercibidos. Sabemos encontrar detalles en la luz, en los contrastes, en las formas que alcanzamos a distinguir, o en las historias que nos cuentan el mundo que nos rodea – y esto nos permite construir nuestra propia visión de la felicidad.

Recuerden, queridos amigos: la felicidad la vivimos a nuestro modo. La vemos en los destellos que alcanzamos a captar, la sentimos en cada fibra de nuestro ser, la construimos en el cuidado que le damos a nuestras emociones, en las manos que sostenemos las nuestras y en el propósito que le damos a cada día. Tenemos todas las herramientas para cultivarla, porque nuestros sentidos y nuestro corazón son los verdaderos artífices de nuestra alegría.

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